sábado, 30 de agosto de 2008

Mujer del siglo XXI como víctima de agresión ¿Masoquismo o esclavitud?


En varias ocasiones taché de masoquistas , débiles e ilusas a esas mujeres que desfilan ciegas y tontas en esa pasarela tóxica llamada, “Agresión domestica”, donde ellas no son más que un objeto para su pareja, y es que pareciera del siglo pasado o que esta situación ha quedado atrás ¡¡pero no!!, aún afecta a un sin número de mujeres que día a día sufren de alguna manera la violencia y en esta situación, además de sufrir el maltrato lo callan por lo tanto suele causar un ciclo interminable entre el agresor y la víctima. En busca de respuestas lógicas y bases fundamentadas para este reportaje me tope con una muy buena pregunta, solemos las mujeres ¿ser víctimas o masoquistas?

Mujer del siglo XXI como víctima de agresión

¿Masoquismo o esclavitud?

· Desde Enero hasta Julio del 2008, el OIJ ha atendido 9 homicidios pasionales.

· La agresión a las mujeres, no es exclusivo de un grupo o clase social, afecta a un gran número de mujeres y no conoce fronteras.

“Eres una inútil, vieja y fea, me gritaba él, constantemente”, esa frase recordaba doña Julia Chavarría de 52 años, al contar su tétrica experiencia como víctima de agresión, al lado del que alguna vez fue el amor de su vida. “Francisco me agredía cada vez que llegaba de sus fiestas, apestando a perfume de mujer y en estado de ebriedad…la verdad he tenido mala suerte con los hombres, todos me han salido malos”, lamen doña Julia, mientras una sonrisa negra escapaba de sus labios pálidos y una brillante amarga lágrima se asomaba de sus ojos achinados y asediados por leves arrugas esculpidas por el trajín de los años.

La situación que doña Julia vivió y que casi le cuesta la vida, la experimentan día a día miles de mujeres en Costa Rica y el mundo, es una de las manifestaciones más palpables y graves de inequidad social. El psicólogo, Luis Gustavo Orozco, quien labora para la clínica Santa Clara en Guadalupe y en Escazú, define la violencia domestica como un evento de agresión psicológica, verbal y física de forma reiterativa.

La gravedad de estos abusos varía según el grado de violencia ejercida sobre la mujer y normalmente se combinan varios tipos de abuso, ya que dentro del maltrato físico siempre hay un maltrato psicológico, destaca Orozco.

La psicóloga del Centro de Mujer y Familia, Feda Trejos, dice que la forma de abuso más preocupante es el maltrato psicológico, porque llegan a disfrazar de manera tal este despotismo, que la mujer no se percata o no se quiere dar cuenta de lo que sucede, y cae fácilmente en las redes de su agresor.

Y es que la violencia doméstica, no es un fenómeno nuevo, sino que tiene largas raíces en el tiempo, si se hace caso a los especialistas en el tema.

Trejos aclara que la agresión a las mujeres, no es exclusivo de un grupo o clase social, afecta a un gran número de mujeres y no conoce fronteras. El miedo, las amenazas, el desconocimiento de los derechos, la degradación psicológica, las pautas sociales y culturales, la existencia de hijos, la dependencia emocional y económica total del cónyuge, provoca que un gran número de casos, no sean ni denunciados ni conocidos siquiera por los familiares de las víctimas.

¿Por qué mantienen la relación con el agresor las mujeres maltratadas en esta época? ¿Víctimas o masoquistas?

Lo lógico sería que, si alguien mantiene una relación que se dice que está caracterizada por el maltrato y la agresividad, es porque, o no es cierto que esto ocurre(al menos con la gravedad presentada), o es que la mujer acepta esa relación y la actitud violenta del hombre.

Los especialistas en psicología, Orozco y Trejos, aconsejan conocer las características típicas del Síndrome del Maltrato a la Mujer (SIMAM) para poder comprender los efectos y consecuencias del mismo, y ver así las diferencias con otras situaciones de violencia interpersonal. El contexto y la dinámica del síndrome del maltrato caracterizan la conducta del agresor, pero también la de la víctima. Uno de los factores más determinantes en la continuidad de esta relación es el hecho de que la violencia aparece en el seno de una relación afectiva con sentimientos de amor y mantenida sobre situaciones compartidas y proyectos futuros en común.

Orozco, dice que una vez que la mujer sufre agresión de cualquier tipo por parte de su cónyuge y esta lo perdona, inmediatamente entra al Síndrome del Maltrato a la Mujer (SIMAM). Este consiste en la clara intencionalidad del agresor en producir un daño en la víctima que sirva como argumento a su intención de dominar a la mujer. Esta conducta, ocasiona lesiones físicas de diferente índole y, por supuesto, lesiones psíquicas.

Eva Gonzales, de 29 años de edad, recuerda que su pareja le prohibía relación con amigos y familiares, “me aislaba de todo el mundo y no permitía que alguien me visitara”. Esta es una fase del SIMAM, que se caracteriza por un maltrato psicológico en forma de insultos en público y en privado, intentos de ridiculizar a la mujer ante otras personas, controlar sus gastos, movimientos, llamadas telefónicas, etc.

“Me sentía impotente, me sentía fea por que a él no le gustaba que me arreglara, decía que si me ponía bonita era para algún amante que tenía en la calle (…) me decía que no servía para nada que por eso andaba con otras mujeres”. Esta serie de insultos los soportó Eva por más de diez años, ahora ella recibe ayuda psicológica de las trabajadoras del Instituto Nacional de la Mujer (INAMU).

SIMAM El síndrome de maltrato a la mujer, tiene tres fases que se repiten de forma continuada y cíclica en la mayoría de las ocasiones, aunque no son de obligada aparición todas ellas, lo cual dependerá de las circunstancias.

Fase de tensión creciente: La relación pone de manifiesto la agresividad creciente hacia la mujer, conductas de agresión verbal o física de carácter leve o aislado. La mujer va adoptando una serie de medidas para manejar la situación y adquiriendo mecanismos de defensa psicológicos.

Fase de agresión aguda: Se caracteriza por una descarga incontrolada de las tensiones que se han ido acumulando durante la primera fase. Las consecuencias más importantes se producen en este momento, tanto en el plano físico como en el psíquico, donde continúan instaurándose una serie de alteraciones psicológicas debidas a las situaciones vividas.

Julia Chavarría, cuenta que su marido después de pegarle hasta dejarla sangrando en la cama, le amenazaba con matarla si visitaba al doctor o a la policía.

Fase de amabilidad y afecto: El psicólogo, Luís Gustavo Orozco, cree que en esta fase es cuando la mujer experimenta la sensación de sentirse amada. En los siguientes días, se da una situación de extrema amabilidad, “amor” y conductas cariñosas por parte del agresor. Es una fase bien recibida por ambas partes y donde se produce la victimización completa de la mujer, ya que este periodo de tiempo, actúa como refuerzo positivo al mantenimiento de la relación

El agresor muestra su arrepentimiento y realiza promesas de no volver a llevar a cabo algo similar. Realmente piensa que va a ser capaz de controlarse y que debido a la lección dada a la mujer, ésta nunca volverá a comportarse de manera que sea necesario agredirla de nuevo.

El tiempo de duración de esta fase es muy variable, aunque lo habitual es que sea inferior al de la fase primera y más largo que el de la segunda. Existen básicamente dos condicionamientos típicos del SIMAM relativos a las lesiones psíquicas.

La repetición de los hechos, da lugar a un mayor daño psíquico, tanto por los efectos acumulados de cada agresión, como por la ansiedad mantenida durante el periodo de latencia hasta el siguiente ataque.

La situación del agresor respecto con la víctima, Desde el punto de vista personal, el agresor es alguien que ella quiere, alguien en quien se supone que debe creer y confiar, y alguien de quien, en cierta manera, depende. Desde el punto de vista general, las mujeres agredidas mantienen una relación legal, económica, emocional y social con él.

De esta manera, la mujer no percibe salida alguna a ese círculo tóxico y depredador en el que se encuentra profundamente sumida, no encuentra alternativas, y le resulta muy difícil adoptar una decisión.

25 años de mi vida me los robó él, con el tiempo me acostumbré y no sentía más miedo, me resigné a quedarme con él, pasara lo que pasara, a veces Francisco llegaba y me sacaba de la casa a tiros con mis hijos pequeños, yo no sabía que la que estaba enferma era yo, así atestiguó doña Julia, con un gran sentimiento de melancolía de esos años perdidos.

Trejos, afirma que cuando la mujer se decide a acudir al médico o en busca de algún tipo de ayuda profesional, no suele ser tras la primera agresión, sino que ya ha habido algún episodio anterior, que por las características cíclicas del síndrome, se ha vuelto a repetir. Esto implica que las alteraciones psicológicas del síndrome ya están instauradas en mayor o menor medida.

Ambos profesionales de la psicología, recomiendan a la víctima agredida asistir a centros de ayuda a la mujer. En ningún caso deberán minimizarse los hechos por la levedad de las lesiones físicas. Concuerdan en que se debe iniciar lo antes posible los tratamientos clínicos, sociales y psicológicos de forma cruzada, tratando de aconsejar a la víctima, la adopción de medidas ofrecidas por medio del centro de la mujer o por los trabajadores sociales del hospital.

Secuelas La autora de la denominada “Psicología de los sucesos catastróficos” Alexandra Symonds , dice que , la primera reacción de la víctima normalmente consiste en una autoprotección y en tratar de sobrevivir al suceso, suelen aparecer reacciones de shock, confusión, negación, abatimiento, aturdimiento y temor.

La mayoría de estas mujeres, presentan síntomas de incompetencia, sensación de no tener ninguna valía, culpabilidad, vergüenza y temor a la pérdida de control. El diagnóstico clínico recibido en la mayor parte de los casos es el de depresión.

Eva Gonzales, acepta haberse sentido muy insegura, después de escapar y haber tomado la decisión de buscar ayuda profesional, “en el fondo no quería apartarme de él, ni dejar de amarlo, no me imaginaba mi vida sin él, hasta pensé en volver a casa y pedirle que me perdonara por haberlo abandonado, pero el apoyo de mi familia y de mi psicólogo me ayudaron a ser fuerte y a superar esa fase”.

Eva ahora está sacando bachillerato por madurez y estudiando inglés, dice sentirse feliz y nueva, está segura de que esa experiencia no la vuelve a vivir nunca más.

Pero después de la exposición de casos y diagnóstico de profesionales en área de la psicología. ¿Es la mujer una masoquista o de verdad es víctima de una terrible enfermedad?

En definitiva, la mujer permanece unida a su agresor por una especie de gomas elásticas gigantes. Cuando intenta terminar la relación y se aleja de él, la goma se va estirando, hasta llegar, incluso, a un punto cercano a la ruptura pero resulta muy difícil de superar y cuanto más se aleja mayor es la tensión que la hace volver. Para una persona debilitada físicamente, anulada psíquicamente y temerosa de dar los pasos, será muy difícil lograr escapar de esos lazos, necesita la ayuda de otras personas o de los mecanismos sociales que actúen como tijeras que corten esas gomas.

Quedan con esto, pues, desacreditadas las teorías que argumentaban que la causa del maltrato era el masoquismo de la mujer, teorías que se basaban en el amor que profesaban las víctimas a sus agresores. Debido a que las conductas de las mujeres maltratadas son inapropiadamente atribuidas a sus características de personalidad, y no a sus orígenes situacionales, confundiendo así las causas y las consecuencias del abuso. Esto es un error de atribución fundamental que todos alguna vez hemos cometido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ish Lyd, que facil que es caer ahi..