Eternamente en mí
Con laureles del sur
Y orégano de lota,
Tu corona, gran monarca
De nuestros huesos
De ti, tu ingenioso ser
Nos corre en la sangre.
Ahora elaboras la tierra
Con bálsamo y follaje.
Bienamada tu sombra
Tiene olor a jazmín.
Tus ojos se escondieron
Entre pestañas estáticas,
Tu venerable cuerpo oculto
Gravemente en la tierra,
Tu corazón es una paloma
En las manos del eterno.
Aún así, separados
Por la brasa negra del sueño,
Tu corazón, amado Padre,
Amarrado al nuestro
ETERNAMENTE VIVIRÁ...
--¡¡Tus hijos!!
Lydia Ruiz