Carga Pesada
He leído la lengua de mis antepasados en sueños
He visto sus figuras en habitaciones confusas
Que solo puedo nombrar con el habla ajena
De quienes para siempre los confinaron
A la región de las sombras.
No entiendo sus palabras
Pero en los sueños se alargan como palmeras
Brillan como las plumas del Quetzal
¿Cómo habrán sido los mercados en Tenochtitlán?
El pregón de los vendedores de penachos de papagayo,
La voz de la mujer ofreciendo quequisques o yuca
La sombría voz del vendedor de papas?
¿Con qué palabras sonando a río o aguacero
Se declararían el amor el héroe del juego de pelota
Y la muchacha dulce con cestas de jipijapa?
Las palabras de los pueblos se parecen
a sus montañas y a sus lagos
se parecen a sus árboles, a sus animales.
¿Cómo sería la lengua que hablaría de los ceibos
Y los jaguares
De la luna incandescente y ecuatorial
De los volcanes erectos?
He oído la lengua de mis antepasados en sueños,
En habitaciones confusas que sólo
Puedo describir con la lengua del despojo.
Nicaragua, mi amor
Mi muchachita violada
Levantándose, componiéndose la falda
Grita, se pone brava furiosa.
Parece mentira cuanta bulla mete y como resiste
Aviones, minas, pirañas, maldiciones en inglés
Discursos sobre cómo bajar la cabeza
Y no se deja, se suelta, pega carreras
Y allá va el General, la colina, los cohetes reactivos,
Las columnas verdes avanzando, sembrando,
Haciendo ingenios de azúcar,
Ríos de leche, casas, escuelas,
Viento que sacude el miedo.
Nacimos para esto,
Reímos por esto
Entre dientes andamos, la rabia y la esperanza
No nos dejan, no los dejamos
Ni a sol, ni a sombra
País chiquito, pero cumplidor
Nicaragua lanza, lanzada, atrevida, chúcara, yegua,
Potreros de Chontales donde Nadine sueña caballos
Percherones
Y soñamos en surtidor
Tenemos una fábrica de sueños
Sueños en serie para los descreídos
De aquí nadie sale sin su arañazo en la conciencia
Nadie pasa sin que le pase nada.
País de locos, iluminados, poetas, pintores
Carne y hueso de gente que acierta y se equivoca
Que prueba y vuelve a probar.
Este país mío, me somete a su pasión,
A su locura,
A la droga de tardes incendiarias
Donde volcanes caminan horizontes abajo
Sin que nadie los detenga
Este país suda sus mediodías luminosos
Para que yo crea en la torva perversidad de su belleza,
Para qye no levante el sudario resplandeciente de sus paisajes
Y vea a la muerte traficando huesos bajo mis narioces.
Embadurnada de lágrimas me tiene este país
Sale la luna alfanje a descabezar luciérnagas,
Los grillos cantan notas de sopranos imposibles,
Los vientos alisios revientan olas invencibles en mi balcón.
Pero ya no hay belleza que me engañe,
Ni arrullo que me haga dormir.
Gioconda Belli
Ediciones centroamericanas anama