Tan lejano el amor
Tan lejano el amor
Como si una parte de mí hubiese
escogido el silencio
y se acurrucara en él
con los ojos cerrados.
Oigo halagos, promesas, incitaciones
como si fuesen dirigidos a otra mujer.
La que soy se guarda
atrincherada en torre de marfil
Fuego soy apartado y espada puesta lejos.
¿De qué heridas convalece mi corazón que yo no sepa:
huidizo, retrechero, un molusco sumido en concha nácar
que se esconde del mar, harto del agua?
Floto sobre la vida donde otrora me sumergiera
descreída quizá, de regreso de las iluciones
o simplemente sabia al fin,
conocedora de los límites de todo
sin tristeza pero sí rabia y dolor
ante la creciente acechanza de la muerte.
Lydia Ruiz